13/2/17

Texto: "El Juego".

5. Repentinamente la paz regresó a mí, no sé explicar por qué o cómo, pero estoy sumamente agradecido con Mayrita. Resulta que la niña de siete años alcanzó el nivel mil del estúpido juego. Este evento quedará de por vida atascado en el sitio más profundo de mi memoria. Traumatizado. Llegó al nivel mil. Pinche juego del móvil. Avancé quince niveles haciendo trampa (Mayrita me dijo las 15 respuestas).

4. Almorcé a gusto, y saqué el móvil al terminar de servir mi segundo vaso de fresco de tamarindo. El hijo de la cocinera, inevitablemente preguntó por el juego, y lo abrí. Conté mi episodio de anoche, se rió de mí y reveló una verdad macabra.

3. Logré evitar la tentación de abrir el juego, en parte gracias a que hoy sí hubo trabajo en la planta, y en parte a mi estoica fuerza de voluntad. Es hora del almuerzo y me dirijo a la choza en la que tengo el inamovible hábito de almorzar. El cosquilleo del juego permanecía latente, queriendo tomar dominio de mis facultades. Pero no lo abrí.

2. A las cuatro de la madrugada me estaba bañando ya, asumiendo la derrota, lavando las heridas mentales que dejó la noche. Me alisté para ir a la planta, desayuné, caminé a la terminal y tomé el bus. Golpeado, dañado, traumatizado. Odiando al hijo de la cocinera.

1. Medianoche, me sigo quebrando. Si intento dormir pienso en el juego y si juego, el sueño no me deja pensar; atascado, sin poder descifrar el nivel 85, y sin poder dormir. Cuatro imágenes, una palabra. Estúpido juego, estúpido yo, estúpido el hijo de la cocinera.

29/11/16

Relato: "La analogía".

Al salir del chance: audífonos, capucha, mirada al suelo, monologando en la mente. Es a diario mi aislamiento, el recorrido encapsulado, una travesía en burbuja hacia el bus. Sin ver el cielo, sin notar gente, sin mirar adelante. El tropezón, la caída, la rotura del cable de los audífonos.

La vi, faltando dos estaciones para mi destino. Primero noté sus antebrazos, levemente velludos, delgados, cortos y que viajaban hasta unas manos agudas, con uñas cortas y esmalte deteriorado. La cubría una chaqueta de lona evidentemente pasada de su talla. Sobre la chaqueta caían tornados acolchados de cabello castaño, mascados por el tirante cruzado de su morral de colores típicos. Rostro sin maquillaje, aniñado, fino, bien delimitado, sobre el que se acentuaba una mirada sin enfoque, ida.

Una mirada de la que se intuye futuros brotes lagrimales. Lentamente se vidreaba la superficie entre los párpados, y el color rojo se difundía despacio en la esclerótica. Varios espasmos musculares contraían sus comisuras labiales hacia abajo, se instalaba descaradamente la tristeza.

Sonó la alarma que evidenciaba el fin de mi recorrido en el bus; empujé un par de hombros, salí del bus, busqué mis inútiles audífonos en el bolsillo que compartían con mi pañuelo, lo tomé y, a través de la ventana, lo alcé a la que había visto llorar.

10/8/16

Texto: "Morales".

Hallándome objetivo de mi propio juicio soy parte pregunta y parte respuesta.

Una pregunta situaciones comprometedoras y la otra responde situaciones triviales.

Una consciencia que practica la doble moral, una consciencia que piensa, juzga y condena actitudes que lleva a la práctica.

Y aún así, entre las preguntas afiladas se encuentra un gusto por encontrar inocencia; entre las respuestas banales, aparecen razones de duda.

2/6/16

Texto: "Reflexión cualquiera sobre la luna y la estrella"

Desde acá, en el lago, durante la noche, noche sin cirros, ni altos, ni cúmlos. Sí, desde este lugar al ver al cielo, se nota dominante y brillante, a la luna, una luz impropia, su forma tácita de ser, sus cambios a las mareas, y a la vez, su belleza claroscura, brillantez única, sus cambiantes geometrías cíclicas, orbitándonos...

Las estrellas están ahí también, muchísimas, varias, diversas, agrupadas algunas, separadas otras. Estrellas que son soles, soles explosivos cuya luz de millones de años de antigüedad sale a la superficie para iniciar un viaje a la velocidad de la luz, un viaje que nos alcanza (es como ver al pasado de la estrella); luz así le da su brillo a la luna, nuestro sol, nuestra estrella.

Y desde acá, en el lago, durante la noche de luna y estrellas, yazco postrado en indecisiones de la luna y la estrella.

10/11/15

Texto: "Ciclos".

Se vuelve a pinchar con la rosa, la burra vuelve al trigo, se regresa al lugar donde una vez se fue feliz, el sol sale cada mañana, la marea crece periódicamente, un astro mengua sin falta, crece sin falta, la semilla germina, la savia se derrama, el viento sopla al norte, la mano se extiende, se recibe a la persona, el desliz, la bombilla se cambia, se pisa el charco (de nuevo), la carta se envía, uno se duerme y se vuelve a despertar, y se vuelve a dormir, se repite el sueño, se repite la realidad, el patrón, la tristeza, la esperanza, la ilusión, vuelve a ser mediodía, el cigarro se apaga, las aves migran, el tiempo se almacena, el recuerdo se revive y se vuelve a pinchar, uno, con la rosa.

30/10/15

Relato:"El Oasis"

Me llevaron forzado, obligado a cargar una canasta con variados insumos, ninguno de mi interés, un calor sofocante inunda el lugar, ni un helado para mí, colas y colas de gentes con niños que también llevaban canastas inútiles, ninguno de ellos pasó por el pasillo de juguetes, nadie tiene helado, todos parecen haber llegado contra su voluntad.

En medio de todo aparece este lugar: abundante iluminación, gran espacio, blancura sobrenatural... y el frío, un ambiente tan frío, un frío delicioso en medio del agobiante calor, un olor a queso, escaparates llenos de yogures deliciosos, leche, cremas y lácteos.


27/9/15

Relato: "La sirvienta".

Terminó después de nueve tazas de café, doce pirujos de jamón y de pollo, cincuenta y nueve abrazos, ciento treinta y dos veces pronunciada la palabra dios (aproximadamente), dieciocho marlboro rojo, un lustre, ocho trident de menta, no-sé-cuántas horas, y las lágrimas de la sirvienta en una esquina durante el velorio de mi abuela.

20/9/15

Relato: "Mariposas en el estómago"

Entrábamos a oscuras a la sala, los anuncios, ya terminando, daban paso a la función: un filme de terror.

Mientras nuestros ojos se adaptaban a la oscuridad nos sentamos y compartimos un par de poporopos, iniciaba el filme y comenzaban las palpitaciones y la transpiración en las palmas de las manos.

Sin intercambiar ni una palabra durante la película, en mi cabeza daba vueltas una idea, de reojo miraba tus movimientos y muy atento escuchaba tu respiración. Con mucha fuerza sostenía las mariposas del estómago.

Solo me arrepiento de tres cosas en la vida, hasta ahora, y que la película llegara a sus últimos minutos y yo aún no reuniera el valor para estirar mi brazo tras tu espalda y rodear tu nuca para aproximar nuestras mejillas encabeza la lista.

18/5/15

Texto: "Tréboles".

Dos semanas después del encuentro, al fin, me animé a comprar un racimo.

¿Quién decide la especie? ¿Cómo seleccionamos el color? ¿Cuándo se prevé el aroma? ¿y por qué pensamos tanto en la forma? ¿Tan  inoportunos somos para brindar un racimo de flores?

La flor obsequiada, mujer, se ha complicado tanto como quererte.

Y pienso que, el amor, es tan sencillo que deberíamos regalar un par de tréboles a quien nos robó el corazón.

28/4/15

Relato: "El Girasol".

Era tan guapa. Si la vieras sonreír, la distribución tan correcta de sus facciones, la apertura adecuada entre sus párpados y la profundidad exacta de los hoyuelos, si la vieras sonreír, te lo digo, es tan guapa.

Hace un mes y tantos días que le planté los girasoles; aquellos que germinaron de las semillas del loro, las que revolaban por el aire con el batir de alas del ave, semillas que en su relativa pequeñez contienen el amarillo resplandeciente que hoy trasplanto a una vasija de arcilla, esto, con el único motivo de obsequiarle un girasol. Lo juro.

La vasija fue un obsequio que recibí, me lo dio la señora del puesto en donde nos conocimos: un par de pubertos tratando de comprar arcilla termoformada para quién sabe qué finalidades culinarias en casa. Al final tú la compraste, la última vasija de cualidades específicas enumeradas categóricamente por nuestras madres, madres desconocidas la una de la otra, cuyo factor común era la señora de las vasijas. Aunque ahora nosotros lo somos también.

Hoy la iré a visitar, con la vasija obsequiada, totalmente diferente a la vasija culinaria, mucho más estética, con veteados que viajaban alrededor del ecuador de la vasija, desde los más claros tonos de café hasta los más oscuros de marrón, con festoneado en el cuello, divergente del lumen, tenuemente asimétrica en la base, discretamente desnivelada, pero, te lo aseguro, inexplicablemente apropiada para el primer estrato de abono, el segundo estrato de pómez, el tercero de tierra negra y el cuarto de ornamento común de viruta de madera, cada estrato abrazando bellamente el tallo del girasol nacido por el batir de alas del loro.

Caminé tres calles abajo y dos a la izquierda, desde cuya esquina veo la carnicería de tu papá.

"Buenos días señor, esta planta es para su hija".

Era tan guapa.