11/11/10

Casi

Entretenida estaba esa lectura, aunque algo pesada para leer mientras caminas y el sol es demasiado brillante para ir bajo él, pero el viento es demasiado frío como para no ir bajo el Sol.. qué dilema.

Veo a mi derecha y va este hombre, con gorro para el frío, en moto, pero sin chaleco ni casco con su placa. Raro.

Y me ve, y lo veo, y nos vemos, y mi mirada es fija, fuerte, dudosa, cuestionante, como si lo inculpara por lo que los dos sabíamos quería hacer. Y mejor ve para otro lado.

Entonces empiezo a preocuparme, voy más despacio, pongo el separador y cierro mi libro, mi mirada fija en este motorista falso, que me acechaba, que quería mis pertenencias. Me doy la vuelta y todavía alcanza a ver cómo desacelera y curva el manubrio hacia mí, siguiéndome, buscándome.

Escucho el motor, pero ya no lo veo, sólo veo venir a dos señoras, que me observan asustadas. Y siento el motor de la moto acelerándose, lo sentía tan cerca, tan cerca, y corro, y corro más rápido, y se acelera más. Llego con a la esquina de la cuadra y veo pasar al motorista. Había corrido media cuadra hasta llegar a la esquina, y sentí que sólo fueron unos paso, pero cuando el motorista curvó la cuadra, me di la vuelta de nuevo, respiré, vi a las señoras, las rebasé... sístole, diástole, adrenalina, noradrenalina, síndrome de adaptación general...

Y corrí más rápido, corrí, corrí, corrí y corrí, pero no fue una carrera de resistencia, sino de velocista, porque corrí y corrí, unas cinco calles, y escuchaba el viento estrellarse contra mi rostro, sentía que en cualquier instante aparecía el motorista de suéter gris.

Giré en ángulo recto y subí las avenidas, hasta llegar a la séptima, y mi mente seguía en blanco, sólo corría y corría, ansioso, y el sonido del motor de la moto retumbaba todavía en mi mente. Y luego di gracias a Dios, por librarme de esto.

Luego me doy cuenta que mientras corría boté el separador de mi libro, y perdí la página.

Casi me asaltaban, y yo pensaba en el separador.