27/6/13

¿Cuál Es La Fuente De La Justicia?

Luis era mi hermano, de esos hermano del alma.

Nos conocimos en tercero básico y él era tan extraño, tan inusual, tan fuera de lo normal, moreno, pelo corto, muy corto, dientudo, de manos grandes y dedos largos, nariz chata y ojos pequeños, pero con una mirada que demostraba profundidad, intelecto. Un sujeto silencioso, serio, tímido, bastante observador y siempre le hallaba el lado bueno a cada cosa que le pasaba.

Nos graduamos en el año 2002 y seguimos caminos muy diferentes, él ingeniero eléctrico y... bueno, yo aún no sé qué es lo mío. Él toda una eminencia académica y yo un perezoso y poco dado lectura. Él muy humilde y yo, ya saben, un vanidoso. Él un trabajador asalariado y yo un mantenido caprichoso, él todo un luchador y yo un conformista, él un filántropo y yo discriminador. Luis era un hijo ejemplar, un ciudadano ideal. Lo irónico de que él fuera un muchacho así es que jamás socializaba, no vivía con sus padres desde hace mucho, lo criaron sus abuelos quienes fallecieron un par de años después de entrar a la universidad. Yo era su único amigo.

Con Luis vivimos tantas situaciones de la vida, entre risas, llantos, alegrías, tristezas, gritadas, silencios, sobriedad y ebriedad, música, videojuegos, estampillas, ideas, pensamientos. Compartíamos tantas cosas que sólo nosotros entendíamos, cosas que podrían ser superficiales, intrascendentes, estupideces y banalidades, pero eran cosas que nos hacían felices. Luis me dio los mejores recuerdos de una gran amistad, me dio mucho para aprender, me dejó la semilla de querer y poder ser una mejor persona.

En una cierta ocasión Luis me esperaba en la parada de buses porque yo iba con ya 30 minutos de retraso. Inventando excusas que bien sabía él no creería llegué a la parada de buses y nos saludamos con un apretón de manos y un abrazo. Ya teníamos más de tres meses de no salir a ningún lado juntos. Esa tarde nos dirigimos caminando al teatro, aproximadamente 1km de recorrido, nada que no hubiésemos caminado antes.

Ese día vestíamos relativamente elegantes. Luis vestía un pantalón y una camisa de lo más sencillas, peinado hacia un lado, sin corbata, sin reloj, un celular bastante deteriorado, sin billetera y nada más en el bolsillo que su pasaje, su identificación y su entrada al teatro. Yo portaba un reloj y una pulsera, cinturón de hebilla metálica, un teléfono celular de modelo reciente, nuevo y caro, una billetera de cuero con una buena cantidad de dinero. Cosa que en cualquier otra situación no hubiera tenido importancia alguna, pero que en este momento exacto sería de vital importancia.

Comentábamos un poco de nuestra vida, recordábamos buenas bromas y viejos chistes, compartimos uno que otro cigarro y muchas risas. Nos detuvimos unos minutos para ayudar a una señora a cambiar la llanta pinchada de su automóvil. Yo no quería ayudar pero Luis insistió; más tarde me enteraría que esta señora era actriz de la obra a la que asistiríamos ese día. En fin, más allá de brindar una mano a quien la necesitaba, no cruzamos más palabras. Luis y yo seguimos nuestro camino al teatro.

No habían pasado ni cinco minutos desde el incidente de la señora y su llanta pinchada cuando un sujeto con sudadero gris, la capucha puesta, pantalón holgado, piel muy morena, aliento a alcohol, tatuajes en lo que se podía ver de sus manos, acompañado de dos sujetos más a quienes no pude ver sus rostros o ropas pues venían a nuestras espaldas. Nos asaltaron a punta de pistola. Se llevaron todas mis cosas, incluso mis zapatos, me golpearon en la cabeza y en las rodillas, caí al suelo, escuché un disparo y la frase 'vos no tenés nada bueno qué darnos'.

Luis falleció en el momento. Un año después atraparon a los tres hombres, estos hombres injustos que sin darse cuenta se llevaron lo mejor que Luis tenía para dar: su vida.

Y a pesar de que están presos, a pesar de que se aplicaron las leyes penales, a pesar del tiempo, a pesar de los recuerdos, aún me siento triste, confundido, despedazado, insatisfecho, aún así es injusto.

Última mente.

En la poca vida vivida que he vivido, formé un 'criterio' (por así decirlo) de lo que sería mi manual de acción en muchas cosas. Independientemente de cuál o cuáles sean esos criterios, me convencí a mí mismo que esa era la manera más adecuada de proceder, tanto social como individualmente.

Uno se va dando a la idea que tiene control sobre su vida y sobre sí mismo. Y estos criterios, se podría decir, fueron mis pilares para logar 'control'. Me los creí a profundidad, en ellos se basaban mis acciones sobre casi todo. Y sí, me funcionaban; con sus defectos y todo, pero funcionaban. Al final, con esta idea de control, de 'buena personalidad', de 'buenos criterios', y esa serie de cosas, uno va adquiriendo una tranquilidad mental (hablando en general). O sea, las cosas salían y bien y había tranquilidad: me sentía bien y tranquilo.

Para ordenar: una serie de experiencias forman un criterio, un criterio sirve de referencia para acciones futuras, las acciones futuras salen 'bien', y uno se siente bien (o al menos satisfecho); se queda la idea de alcanzar un 'logro' a través de ese criterio y se finaliza 'bien y tranquilo'. Pudiendo ser ese logro tanto físico, espiritual, psicológico, sentimental. Lo que sea.

Ahora imaginen lo siguiente:

De golpe, sin esperarlo, alcanzar un 'logro' que no se buscaba, pero que al vivirlo, esporádicamente claro, se llega a un bienestar. Pues en este caso, la situación es permisible porque alcanzar algo bueno sin planearlo siempre cae bien ¿no?. Aunque casi cierta intranquilidad.

Ahora imaginen lo siguiente:

'Uno se siente bien'; pero se da cuenta que las acciones que llevaron al 'logro no esperado' van en contra de los criterios manejados antes; incluso, atentan contra estos. Y entonces hay una sensación de bienestar, pero a la vez, una sensación contradictoria de nudo en el estómago, taquicardia y manos sudorosas (intranquilidad).

Y ahora, hay un lío entre sensación de bienestar y sensación de tranquilidad. Me doy cuenta que realmente no he vivido gran cosa, o al menos aprendido gran cosa. Y de vez en cuando, uno de esos 'descontroles', totalmente aceptables que hay en la vida, adquiere características tan únicas...

¿Qué hace uno ahora? ¿Busca seguir sintiéndose bien a expensas de la tranquilidad o busca sentirse tranquilo a expensas del bienestar?. 

19/6/13

Oraciones.

La situación fue/es esta:

El gusto y entusiasmo por favorecer, embelesar y satisfacer a 'la otra mitad' es tan grato, tan grato de verdad.

La libertad de actuar exigente o actuar silencioso. Somos libres de afrontar las situaciones según nuestros criterios.

Todo nace y brota de forma espontánea y natural; y lo que no, se cultiva y adapta para terminar siendo natural y espontáneo.

Vamos re bien.

Y aún así, en el vórtice de pétalos aromáticos rosáceos, están las espinas.

Y esa es la situación; me parece que la percepción de lo agradable es una percepción fásica, y la percepción de lo desagradable es tónica.

Fui un villano accionando como héroe.