16/8/17

Texto: "Planteamiento del problema".

La sensación de vacío o anudamiento que ocurre bajo el esternón, el epigastrio, sobre la línea media corporal, que ocupa dos tercios de la distancia anteroposterior (podríamos describirla como profundidad) del área antes descrita. Este vacío anudado, que pareciera comprimir el esófago o detener su peristaltismo, asciende de forma incomprensible hasta la laringe y, ahí mismo, anuda y vacía inevitablemente, anula las palabras, desordena las cuerdas vocales, descoordina los músculos faríngeos, glósicos y palatales. A la vez se acomoda cierta rigidez oculomotra, sensación midriática. Taquicardia, hipertermia, hiperhidrosis. Posteriormente el hipotono muscular de las extremidades inferiores.

Efectos de la podredumbre humana desfasada en el tiempo. Gente que acciona con base en los trastornos sociales prematuros, anteriores y ascendentes. El efecto de antiguos y anónimos daños, disfunciones y cadenas: involuntarios y voluntarios pero generalmente anónimos.

Efectos presentes. Daños presentes. Pensamientos presentes. Humanidad ausente.

4/8/17

Texto: "Observaciones sobre la observación y conceptos relacionados".

Observaciones:

- La medición de lo completo es, siempre, incompleta
- El observador reporta de acuerdo a su escala
- Para observar se requiere descomponer al sujeto de estudio
- (Descomponer el todo, limita la experiencia de la observación)
- La observación produce una experiencia
- La escala es una abstracción objetiva de un fenómeno subjetivo
- La experiencia es un fenómeno subjetivo
- La experiencia es limitada y sesgada
- La interfase entre observación y experiencia es la percepción
- Entre lo que se percibe y el perceptor hay inestabilidades y cambios inevitables
- La observación es diferente a la percepción y la percepción también lo es de la experiencia
- Considerar los errores de medición, siempre
- Considerar los errores de observación, siempre
- Considerar los errores de percepción, siempre
- Considerar los errores de experiencia, siempre
- Considerar ser el error también.

21/6/17

Texto: "Nunca, nunca más".

Esa noche deseaba (su) compañía —ella insistía en otras compañías para mí—.

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Hay un pesar inevitable, aunque bien aceptado, sobre la parte delantera del cuello, entre el cartílago tiroides y cricoides, que se instala y alborota, se percibe como un nudo indescriptible que aglutina y secuestra palabras, intenciones, querencias. Incapaz de pronunciar las ganas de su compañía marché solo—o conmigo.

Encendiendo un cigarro sedante transcurrió el camino hasta el teatro, la mente vuela, y a pesar del desarrollo y crecimiento sentimental edificado, las recaídas del límbico son inevitables: las ganas de poseer, el egoísmo impertinente, las ataduras; todo confabula armónicamente en un periodo de tres horas. Me vuelvo a ver como hace años, aturdido, iracundo y decepcionado, triste, carente, añorando y anhelando.

Terminó la obra teatral y todo regresó a la normalidad: dejo de necesitar su compañía para mantener estoico el ofrecimiento de la mía.

La frase más notoria de la obra (El Cuervo de Poe) fue pronunciada por el cuervo mismo: "Nunca, nunca más".

11/6/17

Poema: "Loto".

Pérfido balaústre inmóvil y muy triste
sumergido hasta el cuello en fango memorial
progresa, como un quiste, tu floración terrestre
más allá de lo bello, pantano irremedial.

Ahondo en el vacío plano de tu carencia
manando mariposas, larvas y crisálidas;
en el alma un vahído por amar sin licencia,
terreno para rosas, mimosas y daturas.

Ecosistema de ti, sin ti:
loto inevitable.

Texto: "Nunca".

Nunca hubo algún vagabundo que me ofreciera alcohol; tampoco hubo personaje que me presionara con un cigarro; no hubo tipo que me ofreciera hierba; mi primer tacha fue solo; nunca algún hippie me oprimió con ácido; las benzodiacepinas vinieron por cuenta propia; nunca nadie me forzó a inhalar coca ni keta; nunca alguien mi arrinconó a probar dmt; nunca tú me pediste estar así.

13/2/17

Texto: "El Juego".

5. Repentinamente la paz regresó a mí, no sé explicar por qué o cómo, pero estoy sumamente agradecido con Mayrita. Resulta que la niña de siete años alcanzó el nivel mil del estúpido juego. Este evento quedará de por vida atascado en el sitio más profundo de mi memoria. Traumatizado. Llegó al nivel mil. Pinche juego del móvil. Avancé quince niveles haciendo trampa (Mayrita me dijo las 15 respuestas).

4. Almorcé a gusto, y saqué el móvil al terminar de servir mi segundo vaso de fresco de tamarindo. El hijo de la cocinera, inevitablemente preguntó por el juego, y lo abrí. Conté mi episodio de anoche, se rió de mí y reveló una verdad macabra.

3. Logré evitar la tentación de abrir el juego, en parte gracias a que hoy sí hubo trabajo en la planta, y en parte a mi estoica fuerza de voluntad. Es hora del almuerzo y me dirijo a la choza en la que tengo el inamovible hábito de almorzar. El cosquilleo del juego permanecía latente, queriendo tomar dominio de mis facultades. Pero no lo abrí.

2. A las cuatro de la madrugada me estaba bañando ya, asumiendo la derrota, lavando las heridas mentales que dejó la noche. Me alisté para ir a la planta, desayuné, caminé a la terminal y tomé el bus. Golpeado, dañado, traumatizado. Odiando al hijo de la cocinera.

1. Medianoche, me sigo quebrando. Si intento dormir pienso en el juego y si juego, el sueño no me deja pensar; atascado, sin poder descifrar el nivel 85, y sin poder dormir. Cuatro imágenes, una palabra. Estúpido juego, estúpido yo, estúpido el hijo de la cocinera.