Terminó el quinto vaso y sacudió la niebla que se había asentado sobre los parpados, los ojos notaron con poca claridad a su comensal, y pensó — con la mente que está en el plexo solar — en dar un paso más hacia lo que el poder solicitaba: un paso más cerca del infinito vórtice que conduce de regreso la eternidad.
El acto fue simple pero inconmensurable, ósculo que ancló abundantes hilos de luz en la estructura del tiempo y del espacio, que son parte del mismo cuerpo que sostiene su humanidad física. Había cambiado el punto de anclaje con el que se percibía el mundo. Y ahí, el cuerpo, vio.
Desde entonces, una cascada imparable se abrió, y cayeron juntos, saltaron juntos, al vacío. La caída les diluyó las identidades. El cuerpo se reconfigura y adapta:
El voltaje con el que se fabrican los pensamientos fue el primero en purgar, dejaron de llegaron algunos datos y sueños, comenzaron a aparecer nuevos. La transmisión hormonal con la que se construye la comunicación orgánica fue la siguiente en ajustarse, y por lo tanto, el temperamento con el que se percibe al mundo fue recalibrado. Encima de esta purga bioquímica, la emotividad y el instinto con los que navegan su realidad se ampliaron. Tienen un cuerpo más con el cual entablan contacto con el mundo. Junto a esta trascendencia, el tejido lingüístico para sostener el entendimiento también se reconfigura. Hoy se es una cuerda de tres hilos.
Con esta nueva actualización del cosmos, se pudo atestiguar la reconfiguración de tres uniones más (adicionales a la personal, cuya descripción no forma parte de esta narración), a saber:
1. La columna de luz: Dentro del majestuoso templo blanco, primordialmente apareció un halo de luz dorada, ondulante axial y longitudinalmente, circunscribiendo a los novios a la altura de la cintura, que, con la asistencia y canalización del sacerdote, se extendió discretamente y se unió a un inmenso destello luminoso de sonido brillante y textura híper pulida, que respetaba el diámetro del primer halo y se proyectaba a través de la bóveda. Gradualmente la columna tomó la forma de los novios hasta desintegrarse a centímetros de su piel.
2. El pajarillo brillante: conforme el sacerdote sostenía los destellos de luz dorada dentro del templo sobrio e intentaba aproximarnos hacia los novios, un pajarillo marrón se generó espontánea conteniendo toda la luz, las partículas instantáneamente desaparecieron y se condenaron en su discreto aleteo y canción, convirtió toda la luz en vibración (viento y sonido) que fue depositando gradualmente sobre los novios hasta el final de la ceremonia.
3. Los símbolos impregnados: en el verde paraje no hubo luz qué convocar ni destellos qué atraer, en este caso, el pastor amplifica la luminosidad personal de los novios. Los objetos presentes se cargaron de poder, las arras destellaron chispas de luz, el lazo emanaba un palpitar luminoso, y los anillos respiraban un dorado hálito.
Las solicitudes del poder son cada vez más claras y el sendero está saturado de corazón. La cascada lleva a un amplio cañón y recién comenzamos a navegar el largo río, el largo flujo.
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