Él pensaba que ya tenía ciertos años encima para justificar las ideas que tenía sobre dejarse llevar, fluir en el momento. En esa época escuchaba a Alan Watts, leía sobre geometría sagrada y usaba psicodélicos. Desde el inicio de la narración todo cabo suelto se amarró a su puerto, luego se soltaron concepciones tradicionales de la identidad, los cabos peor amarrados. Y este joven pensó que su flujo era saludable y era capaz de dejarse llevar por ese eterno presente. Pronto continuó esta abundancia de comunicación neuronal y la inevitable resolución neuronal deteniendo la red neuronal por defecto, y así los cabos sueltos se disolvieron en una misma sustancia cercana al origen de una emoción, una mezcla del presente eterno es una figura geométrica y que dejarse llevar involucra dejar la mente que cuenta la historia sobre la verdad que nos trajo a este existir. Los años que creía tener encima se agrandaron hasta la necesidad de no contar mi existencia en años. Esa pérdida de entenderme y entender mi alrededor a través del tiempo me llevó a concluir que, existiendo a través de todo el tiempo, la forma que tenía tan aferrada a mi identidad, es también material, y esa materialidad no trasciende el tiempo en el mismo grado que ya había narrado (susurrado a mí mismo). Amarrarse a esos cabos aún es posible aunque el tiempo no exista. Y eventualmente iba saliendo de nuevo a esta realidad, vuelvo a ser mi ego, y no puedo ser mucho más. Solo que ahora ya no creo tener esos años encima y así, dejarse llevar es más la unidad.
jueves, junio 04, 2020
domingo, mayo 31, 2020
Texto:"Descripción incipiente de un conato sin significado".
Durante algunas charlas, en el momento de abrirse vulnerable, se amontonan, en la boca del estómago, unos trozos pequeños, que parecen ir en dirección similar al reflujo.
Cada fragmento se une firmemente a los otros, y se va tapando la tubería por la que la energía fluye desde el sentir hacia el hablar.
A veces logro destapar la obstrucción, otras, prevenir que el primer pedacito aparezca. Pero a ocasionalmente dejo de hablar, y se abre una avalancha de escuchar y escuchar hasta que el órgano del sentir se congestiona, respirar se hace complicado y dan ganas de huir, apagar las ideas.
jueves, mayo 28, 2020
Anécdota: "El consumo de hongos".
Un día tomé una sustancia:
Primero reconocí las ideas que mis amigos tenían, se hacían verídicas sin la necesidad de las palabras.
Segundo, desconocí mi propio idioma, mi habla se hizo imposible.
Tercero, me enamoré de un árbol que me dio la sombra como si alguien me diera la vida.
Cuarto, entendí sin entender.
Quinto, las conexiones entre todo se hicieron tangibles para un sentido que no sabía que tenía.
Sexto, una gran parte de mí pudo hablar con sinceridad, y pude escuchar con la sensatez de los cinco puntos anteriores: mi cuerpo.
Texto: "Colecciones".
Un niño, algunos días, encontró ciertos artículos que decidió coleccionar:
Una piedra rosada de cuarzo que le recordaba el amor de su papá.
Tres cartas, una amarilla, una azul y una blanca que le recordaban a su mamá
Y enormes espacios vacíos que quería llenar con los años.
Una piedra rosada de cuarzo que le recordaba el amor de su papá.
Tres cartas, una amarilla, una azul y una blanca que le recordaban a su mamá
Y enormes espacios vacíos que quería llenar con los años.
domingo, mayo 24, 2020
Texto: "Efectos del atardecer y el anochecer".
1. El atardecer encendía stratus en fuego y la noche, en el lado contrario del cielo, ennegrecía otros cirros en la sombra.
2. Un evento similar se reflejaba sobre las aves, una salían a cazar y arremolinarse, mientras otras buscaban las profundidades de los aguacatales, duraznales y mangos.
3. En la mente y corazón había una fenomenología análoga. Se imaginaban viajes a lugares prístinos, de arquitecturas en éxtasis y armonía con la naturaleza que brillaban como una pequeña parte del sol, con ganas de recolectar semillas y, al anochecer, llevarlas a casa y pensar en su futuro en la chagra, el jardín y la huerta.
sábado, mayo 23, 2020
Texto: "Biorritmos".
Una tonada infantil de voz como chirrido, distante, se mezcla con la miel de grillos, gusanos y otros seres cantantes de viejas melodías entomológicas. Algunos reptiles y anfibios se unen como confirmando esas antiguas tonadas aprendidas de abuelos a padres y a nietos. Zumban unas alas y algún ave deja escapar su voz.
A veces se cierra o se abre una puerta, un motor truena viajando de este a oeste y el aire explota como ingenuo o infantil ante la extensión y calidad de un trueno. Algunos ladran como sabiendo muy bien lo anterior, si es burla o consejo, no lo sé.
Pronto se hace notorio el sonido profundo de mi columna cervical, cruje como un pistón y el fluido raquídeo burbujea. Responde un borborigmo tamborilero haciendo un curioso remate que se ajusta a la exhalación desde la nariz, un ritmo hermoso orquestado por el bombo cardiaco, un tempo idéntico al del más notorio grillo.
A veces se cierra o se abre una puerta, un motor truena viajando de este a oeste y el aire explota como ingenuo o infantil ante la extensión y calidad de un trueno. Algunos ladran como sabiendo muy bien lo anterior, si es burla o consejo, no lo sé.
Pronto se hace notorio el sonido profundo de mi columna cervical, cruje como un pistón y el fluido raquídeo burbujea. Responde un borborigmo tamborilero haciendo un curioso remate que se ajusta a la exhalación desde la nariz, un ritmo hermoso orquestado por el bombo cardiaco, un tempo idéntico al del más notorio grillo.
miércoles, abril 29, 2020
Texto: "Saber".
Estaba tan lejano, dentro de las partes de mi cuerpo, lejano por reconocer mis propias ideas, ser distante es una misma sensación de ser alguien entero, brindar las ideas, recibir los gustos. Recordar los gustos y abandonar las ideas. Si pudiera cantar las ideas que mis emociones me recuerdan, un poco de la nieve, un poco del miedo, mis amores. Ya no saber qué pensar. Si alguien pudiera guiar mis pensamientos. Un poco del pasado, un humo o un gusto. Cómo me puede fascinar un objeto o una idea, o una sensación, un recuerdo, quién inventa las cosas adecuadas para sentir o una sonata para investigar la magia. Me siento dueño de unas ideas tan viejas. Lloro por amar, por volver a sentir emociones así de viejas.
Me amo hasta la lejanía.
Me amo hasta la lejanía.
martes, abril 28, 2020
Sueño: "Amanecer"
Una madrugada, en la labor de regresar al mundo onírico, recordé con anhelo uno de los aromas que emerge de la piel, de la espalda, el aroma del sueño y del amanecer abrazados, el contacto con la nariz y los labios.
Me sumergí en una narración visual que engrandecía las curvas cervicales y lumbares, una piel que se hizo espuma de mar tibia, salada, una ola tras otra me sumergía en el gusto de un abrazo, una costa humana detenida entre el sol del amanecer y la luna llena en el oeste, una visión de cangrejos sobre la orilla de rocas marrones, otra extensión hermosa de aquella espalda anhelada, quizá incluso el aire era también esa piel que me envolvía y ensoñaba.
Me solté en esa costa y pude besar con todo mi ser aquel instante eterno de ser una sola expresión de la vida y sentir un pequeño rasgo del infinito amor de existir entre olas tibias, rocas delicadas, viento estático y a la luz del fuego de los astros.
Desperté con la soledad más nutritiva posible.
Me sumergí en una narración visual que engrandecía las curvas cervicales y lumbares, una piel que se hizo espuma de mar tibia, salada, una ola tras otra me sumergía en el gusto de un abrazo, una costa humana detenida entre el sol del amanecer y la luna llena en el oeste, una visión de cangrejos sobre la orilla de rocas marrones, otra extensión hermosa de aquella espalda anhelada, quizá incluso el aire era también esa piel que me envolvía y ensoñaba.
Me solté en esa costa y pude besar con todo mi ser aquel instante eterno de ser una sola expresión de la vida y sentir un pequeño rasgo del infinito amor de existir entre olas tibias, rocas delicadas, viento estático y a la luz del fuego de los astros.
Desperté con la soledad más nutritiva posible.
miércoles, octubre 16, 2019
Texto: "Vapores".
Estaba siendo recorrido por una embriaguez emocional, un amor de hongos y una euforia de miel. Destapar el tinajo de las heridas resposadas, el añejo licor que se cuece enterrado en el ombligo, oler las frutas y saborear los taninos que se curten al ritmo del corazón.
Tu voz se hacía un timbre con colores, veía los sentimientos del sonido de tus palabras, lentamente se nutrían de volumen material y distinguía una mano hermosa, que sostenía una escudilla llena del licor herido, me lo entregaba sobre los labios, empapando las capas de piel y miedo. Yo sorbía.
La mano parecía una mezcla de la palma de mi madre y el dorso de mi padre.
Entendía que esa sopa en la que nos cocinamos al calor del cuerpo y el sudor, era la mezcla más ruda de amor y de carencias.
Pude ver tu ombligo borbotante de anís y menta, se volcaba en la sopa, junto con mis licores. Vaporoso baño en el que nos limpiamos el corazón y vaciamos los ombligos.
miércoles, mayo 29, 2019
Texto: "Epifanía de una memoria"
Yacía terriblemente consciente en los laureles y montes que rodeaban nuestra cama, indistinguible cualidad entre sueño o vigilia, aunque lúcido y voluntario. Sobre la cama escurría un ámbar sedoso, dulce y perfumado, goteaba desde tus ojos tristes que se confundían con las pupilas de las estrellas, decoración hermosa del cielo. El ámbar que nos humedecía las pantorrillas y lavaba las manos, también nutría los laureles, que comenzaron a murmurar tu nombre, un nombre sin elocuencia, integrado por tersos y plurales sonrisas, murmuraciones únicamente perceptibles para mi corazón de maíz y nuez.
Lloramos.
Y con el sabor a romero que salía de tus dientes fui guiando mis yemas en lectura del cabello, desde las costas hasta la hondura de esas sienes relucientes donde me detuve, expectante del romero que me abrazó y sumergió en tu océano, ósculo deconstructor de identidad y realidad.
Y arrollados por el remolino de brasas, ceniza y llamas, nos cocinamos en un solo alimento que se devora a sí mismo, indistinguible, pero sutil y bello.
Perdí la noción de cuánto te amo.
Lloramos.
Y con el sabor a romero que salía de tus dientes fui guiando mis yemas en lectura del cabello, desde las costas hasta la hondura de esas sienes relucientes donde me detuve, expectante del romero que me abrazó y sumergió en tu océano, ósculo deconstructor de identidad y realidad.
Y arrollados por el remolino de brasas, ceniza y llamas, nos cocinamos en un solo alimento que se devora a sí mismo, indistinguible, pero sutil y bello.
Perdí la noción de cuánto te amo.
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