domingo, mayo 31, 2020

Texto:"Descripción incipiente de un conato sin significado".

Durante algunas charlas, en el momento de abrirse vulnerable, se amontonan, en la boca del estómago, unos trozos pequeños, que parecen ir en dirección similar al reflujo. 

Cada fragmento se une firmemente a los otros, y se va tapando la tubería por la que la energía fluye desde el sentir hacia el hablar. 

A veces logro destapar la obstrucción, otras, prevenir que el primer pedacito aparezca. Pero a ocasionalmente dejo de hablar, y se abre una avalancha de escuchar y escuchar hasta que el órgano del sentir se congestiona, respirar se hace complicado y dan ganas de huir, apagar las ideas.

jueves, mayo 28, 2020

Anécdota: "El consumo de hongos".

Un día tomé una sustancia:

Primero reconocí las ideas que mis amigos tenían, se hacían verídicas sin la necesidad de las palabras.

Segundo, desconocí mi propio idioma, mi habla se hizo imposible.

Tercero, me enamoré de un árbol que me dio la sombra como si alguien me diera la vida.

Cuarto, entendí sin entender.

Quinto, las conexiones entre todo se hicieron tangibles para un sentido que no sabía que tenía.

Sexto, una gran parte de mí pudo hablar con sinceridad, y pude escuchar con la sensatez de los cinco puntos anteriores: mi cuerpo.

Texto: "Colecciones".

Un niño, algunos días, encontró ciertos artículos que decidió coleccionar:

Una piedra rosada de cuarzo que le recordaba el amor de su papá.

Tres cartas, una amarilla, una azul y una blanca que le recordaban a su mamá

Y enormes espacios vacíos que quería llenar con los años.

domingo, mayo 24, 2020

Texto: "Efectos del atardecer y el anochecer".

1. El atardecer encendía stratus en fuego y la noche, en el lado contrario del cielo, ennegrecía otros cirros en la sombra. 

2. Un evento similar se reflejaba sobre las aves, una salían a cazar y arremolinarse, mientras otras buscaban las profundidades de los aguacatales, duraznales y mangos.

3. En la mente y corazón había una fenomenología análoga. Se imaginaban viajes a lugares prístinos, de arquitecturas en éxtasis y armonía con la naturaleza que brillaban como una pequeña parte del sol, con ganas de recolectar semillas y, al anochecer, llevarlas a casa y pensar en su futuro en la chagra, el jardín y la huerta.

sábado, mayo 23, 2020

Texto: "Biorritmos".

Una tonada infantil de voz como chirrido, distante, se mezcla con la miel de grillos, gusanos y otros seres cantantes de viejas melodías entomológicas. Algunos reptiles y anfibios se unen como confirmando esas antiguas tonadas aprendidas de abuelos a padres y a nietos. Zumban unas alas y algún ave deja escapar su voz.

A veces se cierra o se abre una puerta, un motor truena viajando de este a oeste y el aire explota como ingenuo o infantil ante la extensión y calidad de un trueno. Algunos ladran como sabiendo muy bien lo anterior, si es burla o consejo, no lo sé.

Pronto se hace notorio el sonido profundo de mi columna cervical, cruje como un pistón y el fluido raquídeo burbujea. Responde un borborigmo tamborilero haciendo un curioso remate que se ajusta a la exhalación desde la nariz, un ritmo hermoso orquestado por el bombo cardiaco, un tempo idéntico al del más notorio grillo. 

miércoles, abril 29, 2020

Texto: "Saber".

Estaba tan lejano, dentro de las partes de mi cuerpo, lejano por reconocer mis propias ideas, ser distante es una misma sensación de ser alguien entero, brindar las ideas, recibir los gustos. Recordar los gustos y abandonar las ideas. Si pudiera cantar las ideas que mis emociones me recuerdan, un poco de la nieve, un poco del miedo, mis amores. Ya no saber qué pensar. Si alguien pudiera guiar mis pensamientos. Un poco del pasado, un humo o un gusto. Cómo me puede fascinar un objeto o una idea, o una sensación, un recuerdo, quién inventa las cosas adecuadas para sentir o una sonata para investigar la magia. Me siento dueño de unas ideas tan viejas. Lloro por amar, por volver a sentir emociones así de viejas.

Me amo hasta la lejanía.

martes, abril 28, 2020

Sueño: "Amanecer"

Una madrugada, en la labor de regresar al mundo onírico, recordé con anhelo uno de los aromas que emerge de la piel, de la espalda, el aroma del sueño y del amanecer abrazados, el contacto con la nariz y los labios.

Me sumergí en una narración visual que engrandecía las curvas cervicales y lumbares, una piel que se hizo espuma de mar tibia, salada, una ola tras otra me sumergía en el gusto de un abrazo, una costa humana detenida entre el sol del amanecer y la luna llena en el oeste, una visión de cangrejos sobre la orilla de rocas marrones, otra extensión hermosa de aquella espalda anhelada, quizá incluso el aire era también esa piel que me envolvía y ensoñaba.

Me solté en esa costa y pude besar con todo mi ser aquel instante eterno de ser una sola expresión de la vida y sentir un pequeño rasgo del infinito amor de existir entre olas tibias, rocas delicadas, viento estático y a la luz del fuego de los astros.

Desperté con la soledad más nutritiva posible.

miércoles, octubre 16, 2019

Texto: "Vapores".

Estaba siendo recorrido por una embriaguez emocional, un amor de hongos y una euforia de miel. Destapar el tinajo de las heridas resposadas, el añejo licor que se cuece enterrado en el ombligo, oler las frutas y saborear los taninos que se curten al ritmo del corazón.

Tu voz se hacía un timbre con colores, veía los sentimientos del sonido de tus palabras, lentamente se nutrían de volumen material y distinguía una mano hermosa, que sostenía una escudilla llena del licor herido, me lo entregaba sobre los labios, empapando las capas de piel y miedo. Yo sorbía.

La mano parecía una mezcla de la palma de mi madre y el dorso de mi padre.

Entendía que esa sopa en la que nos cocinamos al calor del cuerpo y el sudor, era la mezcla más ruda de amor y de carencias.

Pude ver tu ombligo borbotante de anís y menta, se volcaba en la sopa, junto con mis licores. Vaporoso baño en el que nos limpiamos el corazón y vaciamos los ombligos.

miércoles, mayo 29, 2019

Texto: "Epifanía de una memoria"

Yacía terriblemente consciente en los laureles y montes que rodeaban nuestra cama, indistinguible cualidad entre sueño o vigilia, aunque lúcido y voluntario. Sobre la cama escurría un ámbar sedoso, dulce y perfumado, goteaba desde tus ojos tristes que se confundían con las pupilas de las estrellas, decoración hermosa del cielo. El ámbar que nos humedecía las pantorrillas y lavaba las manos, también nutría los laureles, que comenzaron a murmurar tu nombre, un nombre sin elocuencia, integrado por tersos y plurales sonrisas, murmuraciones únicamente perceptibles para mi corazón de maíz y nuez.

Lloramos.

Y con el sabor a romero que salía de tus dientes fui guiando mis yemas en lectura del cabello, desde las costas hasta la hondura de esas sienes relucientes donde me detuve, expectante del romero que me abrazó y sumergió en  tu océano, ósculo deconstructor de identidad y realidad.

Y arrollados por el remolino de brasas, ceniza y llamas, nos cocinamos en un solo alimento que se devora a sí mismo, indistinguible, pero sutil y bello.

Perdí la noción de cuánto te amo.

martes, diciembre 04, 2018

Relato: "Experiencia de despedida".

Es mañana no fumé ni un pipazo, solo me sorbí como mejillones unas cubatas exhaustas y viejas, tibias. A medida que se vaciaba mi habitación, se sorbían las cubatas, mordisqueaba unos bananos y se llenaban las maletas y la mochila. La otra mitad de pertenencias las dejaba en la habitación vecina, del señor vecino.

Permiso, solo le dejo estas cosas mi buen, la guitarra, la lámpara de mesa y las almohadas, por estas cosas regreso. Lo demás se lo regalo. El vecino, al oírme salió, como despertando, de su absorción diazepámica, y simulando un gesto de ayuda me dejó pasar a sembrar en un rincon mis pertenencias. 

¿A qué hora se va mi buen? — me preguntó.
Ya en una hora don Edgar. — respondí entre labios torpes de ron.
Ah mire mi buen que me quedo triste — me tartamudeó mientras buscaba algo en la repisa más cercana.

Yo empezaba a tener la premonición de lágrimas y mocos y quedé en silencio saboreando la cubata y buscando el puro.

Se voltea mi vecino, sonriente y aliviado, extiende su brazo y su mano empuñada con el dorso hacia arriba, gesto incuestionable que se responde abriendo la palma de la mano propia debajo del puño ajeno. Recibo con gusto 10 mg de diazepam y 5 de lorazepam. Y mientras recibía en mi palma las pastas, con mi izquierda hallaba el puro que había conservado para despedirme.

Pasamos a mi habitación: quedaban las camas, las mesas, la tele, dos maletas y una mochila. Quedaban cientos de fantasmas humanos y animales. Quedaban las vibras resonando energéticamente. Un último sorbo de ron con pastas y un cerillo que usaba mi vecino para encender el puro. Una charla de adioses y las lágrimas y los mocos entre el humo y las nubes del cielo que fueron esos meses en el lago.