domingo, junio 11, 2017
Texto: "Nunca".
lunes, febrero 13, 2017
Texto: "El Juego".
4. Almorcé a gusto, y saqué el móvil al terminar de servir mi segundo vaso de fresco de tamarindo. El hijo de la cocinera, inevitablemente preguntó por el juego, y lo abrí. Conté mi episodio de anoche, se rió de mí y reveló una verdad macabra.
3. Logré evitar la tentación de abrir el juego, en parte gracias a que hoy sí hubo trabajo en la planta, y en parte a mi estoica fuerza de voluntad. Es hora del almuerzo y me dirijo a la choza en la que tengo el inamovible hábito de almorzar. El cosquilleo del juego permanecía latente, queriendo tomar dominio de mis facultades. Pero no lo abrí.
2. A las cuatro de la madrugada me estaba bañando ya, asumiendo la derrota, lavando las heridas mentales que dejó la noche. Me alisté para ir a la planta, desayuné, caminé a la terminal y tomé el bus. Golpeado, dañado, traumatizado. Odiando al hijo de la cocinera.
1. Medianoche, me sigo quebrando. Si intento dormir pienso en el juego y si juego, el sueño no me deja pensar; atascado, sin poder descifrar el nivel 85, y sin poder dormir. Cuatro imágenes, una palabra. Estúpido juego, estúpido yo, estúpido el hijo de la cocinera.
martes, noviembre 29, 2016
Relato: "La analogía".
Al salir del chance: audífonos, capucha, mirada al suelo, monologando en la mente. Es a diario mi aislamiento, el recorrido encapsulado, una travesía en burbuja hacia el bus. Sin ver el cielo, sin notar gente, sin mirar adelante. El tropezón, la caída, la rotura del cable de los audífonos.
La vi, faltando dos estaciones para mi destino. Primero noté sus antebrazos, levemente velludos, delgados, cortos y que viajaban hasta unas manos agudas, con uñas cortas y esmalte deteriorado. La cubría una chaqueta de lona evidentemente pasada de su talla. Sobre la chaqueta caían tornados acolchados de cabello castaño, mascados por el tirante cruzado de su morral de colores típicos. Rostro sin maquillaje, aniñado, fino, bien delimitado, sobre el que se acentuaba una mirada sin enfoque, ida.
Una mirada de la que se intuye futuros brotes lagrimales. Lentamente se vidreaba la superficie entre los párpados, y el color rojo se difundía despacio en la esclerótica. Varios espasmos musculares contraían sus comisuras labiales hacia abajo, se instalaba descaradamente la tristeza.
Sonó la alarma que evidenciaba el fin de mi recorrido en el bus; empujé un par de hombros, salí del bus, busqué mis inútiles audífonos en el bolsillo que compartían con mi pañuelo, lo tomé y, a través de la ventana, lo alcé a la que había visto llorar.
jueves, junio 02, 2016
Texto: "Reflexión cualquiera sobre la luna y la estrella"
Las estrellas están ahí también, muchísimas, varias, diversas, agrupadas algunas, separadas otras. Estrellas que son soles, soles explosivos cuya luz de millones de años de antigüedad sale a la superficie para iniciar un viaje a la velocidad de la luz, un viaje que nos alcanza (es como ver al pasado de la estrella); luz así le da su brillo a la luna, nuestro sol, nuestra estrella.
Y desde acá, en el lago, durante la noche de luna y estrellas, yazco postrado en indecisiones de la luna y la estrella.
martes, noviembre 10, 2015
Texto: "Ciclos".
viernes, octubre 30, 2015
Relato:"El Oasis"
domingo, septiembre 27, 2015
Relato: "La sirvienta".
domingo, septiembre 20, 2015
Relato: "Mariposas en el estómago"
lunes, mayo 18, 2015
Texto: "Tréboles".
¿Quién decide la especie? ¿Cómo seleccionamos el color? ¿Cuándo se prevé el aroma? ¿y por qué pensamos tanto en la forma? ¿Tan inoportunos somos para brindar un racimo de flores?
La flor obsequiada, mujer, se ha complicado tanto como quererte.
Y pienso que, el amor, es tan sencillo que deberíamos regalar un par de tréboles a quien nos robó el corazón.
martes, abril 28, 2015
Relato: "El Girasol".
Hace un mes y tantos días que le planté los girasoles; aquellos que germinaron de las semillas del loro, las que revolaban por el aire con el batir de alas del ave, semillas que en su relativa pequeñez contienen el amarillo resplandeciente que hoy trasplanto a una vasija de arcilla, esto, con el único motivo de obsequiarle un girasol. Lo juro.
La vasija fue un obsequio que recibí, me lo dio la señora del puesto en donde nos conocimos: un par de pubertos tratando de comprar arcilla termoformada para quién sabe qué finalidades culinarias en casa. Al final tú la compraste, la última vasija de cualidades específicas enumeradas categóricamente por nuestras madres, madres desconocidas la una de la otra, cuyo factor común era la señora de las vasijas. Aunque ahora nosotros lo somos también.
Hoy la iré a visitar, con la vasija obsequiada, totalmente diferente a la vasija culinaria, mucho más estética, con veteados que viajaban alrededor del ecuador de la vasija, desde los más claros tonos de café hasta los más oscuros de marrón, con festoneado en el cuello, divergente del lumen, tenuemente asimétrica en la base, discretamente desnivelada, pero, te lo aseguro, inexplicablemente apropiada para el primer estrato de abono, el segundo estrato de pómez, el tercero de tierra negra y el cuarto de ornamento común de viruta de madera, cada estrato abrazando bellamente el tallo del girasol nacido por el batir de alas del loro.
Caminé tres calles abajo y dos a la izquierda, desde cuya esquina veo la carnicería de tu papá.
"Buenos días señor, esta planta es para su hija".
Era tan guapa.