miércoles, agosto 16, 2017
Texto: "Planteamiento del problema".
viernes, agosto 04, 2017
Texto: "Observaciones sobre la observación y conceptos relacionados".
miércoles, junio 21, 2017
Texto: "Nunca, nunca más".
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Terminó la obra teatral y todo regresó a la normalidad: dejo de necesitar su compañía para mantener estoico el ofrecimiento de la mía.
domingo, junio 11, 2017
Poema: "Loto".
sumergido hasta el cuello en fango memorial
progresa, como un quiste, tu floración terrestre
más allá de lo bello, pantano irremedial.
Ahondo en el vacío plano de tu carencia
manando mariposas, larvas y crisálidas;
en el alma un vahído por amar sin licencia,
terreno para rosas, mimosas y daturas.
Ecosistema de ti, sin ti:
loto inevitable.
Texto: "Nunca".
lunes, febrero 13, 2017
Texto: "El Juego".
4. Almorcé a gusto, y saqué el móvil al terminar de servir mi segundo vaso de fresco de tamarindo. El hijo de la cocinera, inevitablemente preguntó por el juego, y lo abrí. Conté mi episodio de anoche, se rió de mí y reveló una verdad macabra.
3. Logré evitar la tentación de abrir el juego, en parte gracias a que hoy sí hubo trabajo en la planta, y en parte a mi estoica fuerza de voluntad. Es hora del almuerzo y me dirijo a la choza en la que tengo el inamovible hábito de almorzar. El cosquilleo del juego permanecía latente, queriendo tomar dominio de mis facultades. Pero no lo abrí.
2. A las cuatro de la madrugada me estaba bañando ya, asumiendo la derrota, lavando las heridas mentales que dejó la noche. Me alisté para ir a la planta, desayuné, caminé a la terminal y tomé el bus. Golpeado, dañado, traumatizado. Odiando al hijo de la cocinera.
1. Medianoche, me sigo quebrando. Si intento dormir pienso en el juego y si juego, el sueño no me deja pensar; atascado, sin poder descifrar el nivel 85, y sin poder dormir. Cuatro imágenes, una palabra. Estúpido juego, estúpido yo, estúpido el hijo de la cocinera.
martes, noviembre 29, 2016
Relato: "La analogía".
Al salir del chance: audífonos, capucha, mirada al suelo, monologando en la mente. Es a diario mi aislamiento, el recorrido encapsulado, una travesía en burbuja hacia el bus. Sin ver el cielo, sin notar gente, sin mirar adelante. El tropezón, la caída, la rotura del cable de los audífonos.
La vi, faltando dos estaciones para mi destino. Primero noté sus antebrazos, levemente velludos, delgados, cortos y que viajaban hasta unas manos agudas, con uñas cortas y esmalte deteriorado. La cubría una chaqueta de lona evidentemente pasada de su talla. Sobre la chaqueta caían tornados acolchados de cabello castaño, mascados por el tirante cruzado de su morral de colores típicos. Rostro sin maquillaje, aniñado, fino, bien delimitado, sobre el que se acentuaba una mirada sin enfoque, ida.
Una mirada de la que se intuye futuros brotes lagrimales. Lentamente se vidreaba la superficie entre los párpados, y el color rojo se difundía despacio en la esclerótica. Varios espasmos musculares contraían sus comisuras labiales hacia abajo, se instalaba descaradamente la tristeza.
Sonó la alarma que evidenciaba el fin de mi recorrido en el bus; empujé un par de hombros, salí del bus, busqué mis inútiles audífonos en el bolsillo que compartían con mi pañuelo, lo tomé y, a través de la ventana, lo alcé a la que había visto llorar.
jueves, junio 02, 2016
Texto: "Reflexión cualquiera sobre la luna y la estrella"
Las estrellas están ahí también, muchísimas, varias, diversas, agrupadas algunas, separadas otras. Estrellas que son soles, soles explosivos cuya luz de millones de años de antigüedad sale a la superficie para iniciar un viaje a la velocidad de la luz, un viaje que nos alcanza (es como ver al pasado de la estrella); luz así le da su brillo a la luna, nuestro sol, nuestra estrella.
Y desde acá, en el lago, durante la noche de luna y estrellas, yazco postrado en indecisiones de la luna y la estrella.