6/5/12

Cuento: "La falrealidad"

Previo a iniciar mi narración, deseo aclarar que lo que a continuación podrán leer puede ser real, pero su veracidad queda ambigua.

Érase un día nublado, un joven, una fogata, un caldo de hongos.


Como era de esperarse los hongos eran especiales, el caldo también, la fogata no mucho, el joven un tanto corriente y el día nublado era clásico. Las alucinaciones evolucionaron como lo cotidiano, pasando por abuso de sonrisas, movimientos incongruentes, silencios milenarios hasta un punto preocupante. 


Horas después el joven se encontró a sí mismo platicando amenamente con un viejo, enmohecido y muy triste árbol. Mientras el joven contaba varias de sus historias, el triste árbol interrumpió:


- ¿Cómo se siente poder moverse, conocer otros lugares?.
- Se siente lo normal, no es gran cosa.
- Pues soy un árbol, no conozco más que estas antiguas tierras.
- Pues...
- Quisiera poder andar como lo hacen ustedes, usar sus pies y conocer el mundo.


El árbol pidió prestados los pies del joven, y él accedió al pedido. Le otorgó sus pies al árbol.

Y yo reí mucho escuchando la historia del joven, actualmente me han dicho que siguen molestándolo con la plática del árbol. Pero lo asombros de esta historia es que él despertó en un hospital sin poder mover sus piernas. Y hasta la fecha sigue así, buscando al afortunado árbol.

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