25/5/14

Cuento: "Secreto"

Deseo, secretamente, regresar a los días en los que despertábamos abrazados y le besaba la mejilla mientras entrecruzábamos las piernas y, con los ojos cerrados, la abrazaba. A usted, mala compañía de mal tiempo.

Quiero, secretamente, decirle que la extraño.

Necesito, secretamente, hablarle, serle útil, escucharla reír.

Espero, secretamente, llegar a amarla sin deseos, querencias, necesidades ni esperanzas secretas.

12/5/14

Narración: "Esperanza"

Juraba, por mi orgullo, enviarte al lugar más recóndito de mi corazón, al más lejano, profundo, yermo y abyecto. Pero, con certeza, sabía que al mínimo roce de mi mano contra la tuya, de la percepción de una ínfima partícula de tu aroma, de la más empañada visualización de tu silueta o del más tenue susurro de tu voz yo te buscaría allí, en lo recóndito, lejano, profundo, yermo y abyecto; porque a donde quisiera enviarte, siempre sería en mi corazón.

Insistirá, entonces, la esperanza de pensarnos juntos, hablándonos de nosotros, recostados en el mismísimo centro de la oscuridad, improvisando amor mientras ignorábamos el inevitable fin de la noche, la despedida y la añoranza de ti para mí y de mí para ti.

11/5/14

Narración: "¿Accidental?"

Escuché el resbalar chillante de los neumáticos sobre el terreno de grava, percibí la inmaniobrabilidad del volante y sentí el momento exacto en el que se levantaban los neumáticos izquierdos provocando la inconfundible sensación de empuje durante un abrupto cambio de dirección. Giraba y giraba mientras yo golpeaba contra cristales rotos, plásticos fundidos, metales contorsionados, sujetado al cinturón de seguridad que rompía mi clavícula y mis costillas.

Limpiando la sangre de mis ojos y escupiendo la bilis, percibí el penetrante olor a gasolina entre el aroma a frenos quemados, neumáticos chamuscados, orín involuntario y el alcohol que llevaba.

Narración: "La segunda vez que te cargué"

En mi hombro derecho yacía parte del cofre de madera. Un ligero peso sobre una pequeña parte de mi cuerpo, pero te juro que cargaba con más: cargaba la presión de un pecho angustiado, de un vacío en el estómago, la piernas débiles, la sensación de caer, la humedad en los ojos, el ardor en la boca, el miedo al silencio, la quemazón en la planta de los pies, la ausencia de luz, el rechinar de las muelas, la mejía empapada...

Dejamos en ese cofre lo más frágil de ti, lo ligero de ese peso y todo lo demás que cargaba esa tarde.

Me quedo todo lo demás.