19/10/12

Cuestionamientos Detallistas.

Es raro, ser una persona 'detallista' en realidad te convierte en alguien despistado. He notado que cuando se cuida un detalle se descuida otro, cuando no se cuidan los detalles todo sale relativamente bien, pero sin detalles no es notorio ni agradable. ¿Qué es mejor al final, un detalle bien logrado y otro malogrado o todo bienlogrado sin detalles?.

Naturalmente todo ser humano sabe desde muy niño que somos un conjunto de múltiples errores, defectos, molestias e inestabilidades que aún así cuentan con una parte agradable. Es de conocimiento común que no todos se llevan con todos, no todos caen bien a todos. Y a pesar de eso encontramos amigos con quien es sumamente agradable estar, compartir, reír y llorar.

Así vamos ingresando a un vórtice en el que conocemos más e intimamos más con algunos amigos, que atrapan nuestra confianza. Vemos sus virtudes y valores y apreciamos su amistad. Lo paradójico es que mientras más intimamos y confiamos en alguien, más exigimos de esa persona.

Y les escribo con la mayor humildad que puedo encontrar en mí. Mientras más confía una persona en ti quiere más detalles, más apoyo y más entrega; menos errores, menos defectos y menos problemas. Y me incluyo en este grupo.

Me cuestiono, entonces, ¿qué putas con esto?.

Cuento: "Dícese de una vez en la vida de alguien"

Nunca, en mi vida, tuve la oportunidad de... ahora que lo pienso la oportunidad siempre ha existido, lo que en mi vida nunca he tenido es la intención de platicar acerca de lo que más profundamente anhelo o siento. Y no lo veo como un inconveniente, no lo estoy reclamando, ni mucho menos deseando. En fin, con esta introducción prosigo.

Siempre he sido de los que escuchan, a veces escucho lo que me dicen, a veces escucho lo que se dice, y en algunas otras circunstancias escucho lo que no debería escuchar, incluso he llegado a escucharme a mí mismo. El silencio siempre ha sido compañía de mis ideas y pensamientos, se me ha dado natural esta virtud (según muchos) de escuchar. 15 años de mi vida escuchando conscientemente han dado pocos frutos, varias amistades, algunas grandes compañías y abundantes frases, oraciones y palabras que desearía no saber. He acumulado un sin fin de experiencias auditivas.

Escuchaba a mis padres discutir, gritar, cuestionar, rezar, incluso los escuché haciendo el amor. A mi hermano lo escuché llorar, reír, conversar. Mis abuelos, oh sí, a ellos los escuchaba respirar, contar, recordar; pero sobre todo, los escuchaba sufrir. Escuché a mi perro ladrar, el más coherente de todos.

A los vecinos los escucho brincar, correr y saltar. Escucho los grillos de la noche, las polillas volar, los ronrones golpetear, escuchaba la noche. A mi novia la escucho sonreír, la escucho caminar, escucho su corazón, la escucho gozar y a veces llorar.

En ocasiones quisiera hablarles más de mí a todos ellos, hablarle de mí a mis padres, a mi hermano, a  mis abuelos hubiera querido hablarles más. Hablar con los vecinos, con mi perro y hablar con la noche. Hablar con mi novia.


Cuento: "La Idegusmeta"

Sonaba mi teléfono a las 7 de la mañana, me había acostado a la 1 de la madrugada y me había quedado dormido como a las 2. Ya era tarde. Contesté y una bella, delicada y hermosa voz se desata en improperios, alegando que hace 1 hora que me esperaban. Mientras yo me vestía, enojándome más y más, seguía escuchando y pidiendo disculpas como por inercia. Al final, cuando estaba a punto de soltar una grosería se escucha un 'pero bueno, aquí te esperamos todavía, apurate, te quiero mucho'. Entonces, cambia el mundo y me despido melosamente.