19/10/12

Cuento: "Dícese de una vez en la vida de alguien"

Nunca, en mi vida, tuve la oportunidad de... ahora que lo pienso la oportunidad siempre ha existido, lo que en mi vida nunca he tenido es la intención de platicar acerca de lo que más profundamente anhelo o siento. Y no lo veo como un inconveniente, no lo estoy reclamando, ni mucho menos deseando. En fin, con esta introducción prosigo.

Siempre he sido de los que escuchan, a veces escucho lo que me dicen, a veces escucho lo que se dice, y en algunas otras circunstancias escucho lo que no debería escuchar, incluso he llegado a escucharme a mí mismo. El silencio siempre ha sido compañía de mis ideas y pensamientos, se me ha dado natural esta virtud (según muchos) de escuchar. 15 años de mi vida escuchando conscientemente han dado pocos frutos, varias amistades, algunas grandes compañías y abundantes frases, oraciones y palabras que desearía no saber. He acumulado un sin fin de experiencias auditivas.

Escuchaba a mis padres discutir, gritar, cuestionar, rezar, incluso los escuché haciendo el amor. A mi hermano lo escuché llorar, reír, conversar. Mis abuelos, oh sí, a ellos los escuchaba respirar, contar, recordar; pero sobre todo, los escuchaba sufrir. Escuché a mi perro ladrar, el más coherente de todos.

A los vecinos los escucho brincar, correr y saltar. Escucho los grillos de la noche, las polillas volar, los ronrones golpetear, escuchaba la noche. A mi novia la escucho sonreír, la escucho caminar, escucho su corazón, la escucho gozar y a veces llorar.

En ocasiones quisiera hablarles más de mí a todos ellos, hablarle de mí a mis padres, a mi hermano, a  mis abuelos hubiera querido hablarles más. Hablar con los vecinos, con mi perro y hablar con la noche. Hablar con mi novia.


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