17/6/11

Cuento: "El recuerdo del encuentro con mi historia"

Ya hacía varios años que no tenía casa fija, hogar hallaba en todas partes, siempre y cuando hubiese mujeres, cerveza y algún juego de cartas que involucrara el azar.

Esa noche me encontraba en las afueras de la ciudad, en una cantina a la orilla de la carretera, no conozco con certeza su nombre, porque ya iba adelantado etílicamente hablando, y por supuesto, el letrero de la cantina a penas se notaba.

Después de un par de cervezas, un fácil juego de billar, la liviana charla con el cantinero y el cigarro en el cenicero, decidí que era momento de marcharme a al hotel, pero antes debía encontrar alguna compañera nocturna.

Visualicé las posiblidades rápidamente y noté a algunas candidatas que de alguna manera no eran las peores, pero había visto mejores; elegí una al azar, tomé mi chaqueta, apagué mi cigarro y sorbí un trago más de cerveza, y cuando me ponía de pie sentí su aroma extrañamente familiar y temerosamente cautivante, luego su voz suave, como cantando, con un acento inusualmente conocido pero a la vez intrigante. Ya no me puse de pie.

Volteé mi asiento hacia la barra y de reojo traté de notarla, llevaba ropa roja, cabello largo, muy largo, piel morena... giré aún más mi asiento y la vi, delicada pero a la vez fuerte, uñas despintadas por el tiempo, y mojada por la torrencial lluvia que azotaba allá afuera; cordialmente la invité a sentarse, me llamo Josué, la invito a un trago... la charla se dio como si lleváramos tiempo de conocernos, pero yo no presté atención a sus palabras, simplemente me adormecí en su mirada; mis planes nocturnos que ejecutaba a diario desaparecieron, ella hablaba y hablaba, decía conocerme y su perfume me envolvía más y más, ella era tan parecida a alguien que amé en el pasado... y repentinamente escuché su nombre: Amanda; mi hija.

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